Visitando el Teatro Romea

Teatro Romea

La fachada del Teatro Romea, de 1880. Foto: Teatro Romea

En octubre del pasado año y solo durante tres días el Teatro Romea abrió sus puertas para poder visitarlo con motivo de su 150 aniversario. Se trataban de unas visitas teatralizadas que, de mano del actor Antonio Liza caracterizado de Julián Romea, recorrían el interior del teatro narrando su historia y desvelando sus secretos.

El éxito que tuvieron estas visitas fue tal que los pases se agotaron en pocos días por lo que el Romea pensó volverlas a poner en marcha durante todos los fines de semana desde enero hasta junio. Y a una de esas visitas fue el sábado la que firma.

El recorrido por el teatro comienza en la entrada conociendo el porqué de su construcción y cuál fue el impacto que tuvo en 1862 su inauguración. Para hacernos una idea de la importancia que tuvo la puesta en marcha del Teatro Romea en Murcia, donde ya había siete teatros, solo hay que tener en cuenta que hasta aquí se desplazó la entonces Reina, Isabel II, con los infantes y 10 ministros. Un viaje nada fácil entonces que la trajo a Murcia a otros menesteres pero teniendo como razón principal  la inauguración del entonces bautizado como Teatro de los Infantes en honor a sus hijos. Un dato que nos ayuda a entender el porque de esa “tradición teatral” de la que se presume tanto en la ciudad.

Teatro Romea
El Salón de los Espejos. Foto:Teatro Romea

La siguiente parada la realizamos en el Salón de los Espejos, en la primera planta del  edificio. Un lugar donde en aquella Murcia del XIX descansaban los señores que acudían al teatro junto a su servicio a ver las tres o cuatro representaciones que se ponían en escena durante todo el día. Un espacio que en 1950 acogió el Conservatorio Superior de Música y del que como recuerdo queda la referencia a los grandes de la música en sus vidrieras.

Teatro Romea

Las pinturas de Inocencio Medina Vera en el techo del patio de butacas

Pero el punto álgido de la visita, claro está, es el patio de butacas que se puede primero observar desde los palcos para ver con mayor claridad su forma de herradura. En las pinturas del techo, obra de los pintorres Inocencio Medina Vera y Antonio de la Torre, distinguimos el busto de Julián Romea en el Parnaso, unas pinturas que no corresponden a aquel edificio que en 1862 inauguraba Isabel II ya que aquel acabó hecho cenizas en uno de los dos incendios que ha sufrido el Teatro.

La maldición de los dominicos

Y es que se dice que el Teatro Romea es presa de una de maldición de los frailes Teatro Romeadominicos vecinos entonces del edificio, de los que hoy queda la iglesia de Santo Domingo, y sobre cuyo cementerio se levantó el teatro. Arte y religión no hacían entonces buenas migas y estos, según la leyenda, maldijeron hasta en tres veces al teatro. Dos incendios sin víctimas y uno con víctimas acabarían con el edificio cuando estuviera lleno. En 1877 un incendio lo hizo cenizas y en 1899 sucedía el segundo que lo dañaba pero no lo destruía. Todo esto ha dado lugar a otra leyenda. Que el Romea siempre deja una butaca sin vender. ¿Cierto?. Les invito a que lo descubran en la visita, quizás Antonio, el tramoyista, se lo aclare.

Las visitas teatralizadas se realizan los jueves, viernes y sábados a las 10, 11 y 12 horas. Para acudir solo hay que llamar al 968 355 390. Son gratuitas.

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