Y lo puso en pie (Crítica-Otelo)

Otelo

Más de 500 años hace que William Shakespeare se sentó y escribió Otelo. Hoy muchos periodistas se sientan y escriben también sobre ese mismo tema. Lo que ahora llaman violencia de género. Parece mentira y es penoso que cientos de años después hayamos cambiado tan poco.

Noviembre Teatro se planta en Murcia dirigida por Eduardo Vasco, con siete años de director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico a las espaldas. Y nos llega con alguien muy nuestro, con alguien que conoce bien las calles de nuestra ciudad y que Otelomuere por subirse a un escenario en Murcia, recordando los 13 años que el destino, o quien sea, no le ha dejado hacerlo.

La adaptación de Yolanda Pallín ha dejado el texto de Shakespeare en algo más de hora y media de duración, ya que el original dura cuatro horas y a la velocidad que vivimos en este siglo alguien hubiera pedido la cena.

Otelo, el general de los ejércitos venecianos, un tipo duro pero enamorado hasta las trancas y en secreto de Desdémona. Y en secreto también se casa con ella provocando la furia de su padre y la salida de ambos del país ni más ni menos que a las trincheras de Chipre. Un lugar poco habitual para vivir una historia de amor pero el mejor marco para la tragedia que se cierne sobre ellos. Y de eso ya se encarga Yago, que entre buenas caras y malas artes lía a Otelo de tal manera que provoca que unos celos infundados acaben con la vida de Desdémona que aún no se explica que ha desatado la ira de su dulce amado.

Porque sí, el Otelo de Daniel Albaladejo es un tipo adorable, de esos duros conOtelo corazón, de esos que encandilan a las chicas. Y el Yago de Arturo Querejeta, envidioso, rencoroso, egoísta…¡pero que malo es y qué bien lo hace!. Hay que preguntarle como un malo tan malo hace que te sonrías en la butaca. A Otelo se le nubla la vista y la razón cuando las triquiñuelas y los teatrillos de Yago le hacen creer que Desdémona le es infiel. Y de repente Daniel Albaladejo se crece, en todos los sentidos. Se crece como actor, como un Otelo herido e irracional que no deja resquicio a la reflexión, que hasta le cambia la forma de mirar. E incluso parece que se crece físicamente, y mira que es alto, cuando aparece en la alcoba de su esposa dispuesto a acabar con su vida.

Albaladejo esperaba ver el Teatro Circo lleno, como cualquiera, supongo. Pero cualquiera no lo consigue y su Otelo colgó el cartel de Localidades agotadas. Pero, como él mismo dice, no solo hay que hacer que la gente vaya al teatro sino hay que gustarles. Y si el Circo se puso anoche de pie será porque algo le gustó.

Solo una cosa más. ¡Qué no pasen otros 13 años!

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