La Mari y La Encarni, las Thelma y Louise de barrio (Crítica-Insatisfechas)

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Venga.Confesad. A todos nos gustaría coger un coche como el Ford Thunderbird de Louise Shawer, liarnos un pañuelo a la cabeza y huir a un viaje sin destino atravesando este o cualquier otro país.

La premisa de Insatisfechas, cuyo estreno absoluto fue en San Javier, parece esa. Dos amigas de toda la vida nada contentas con su vida, hijos que repiten los mismos errores que sus padres y maridos que las ignoran, que deciden escapar rumbo a Benidorm. Pero a La Mari y a La Encarni les roban el coche en una gasolinera en mitad de la Mancha y a cambio conocen a Ramón un joven gigoló que las acerca a un motel cercano. Con él, vamos, con su cuerpo, pretenden las dos amigas decir adiós a su pasado ya que lo de llegar a Benidorm parece algo dificil.

La Mari y La Encarni, interpretadas por Miriam Díaz-Aroca y Belinda Washington, son dos chonis de manual, de pelo encrespado, estampado de leopardo, escotes imposibles y flor en el pelo. Y chillonas, chillonas como ellas solas. Las conversaciones entre ambas se desarrollan entre gritos que se hacen más insufribles al tener que oírlos por los altavoces.

El tema estrella, la crisis, también se deja caer en esta historia relacionado con las razones que han llevado a Ramón a meterse a eso de puto. Una manera de actualizar la historia,ahora que se lleca tanto, con monólogos al respecto metidos con calzador.

Original y bien llevada a cabo,al menos, la escena de los tres personajes hablando a la vez por teléfono con aquellos quienes les hacen recordar quienes son, si hubiera sido en televisión se hubiera dividido en pantallitas. Divertida también la poca naturalidad con la que Ramón, interpretado por Rubén Sanz, se transforma en el seductor gigoló en el que se ha convertido. El decorado, aparentemente sencillo, esconde en sí mismo tres sets diferentes iluminados por el ganador del Max Juanjo Llorens por La función por hacer.

Pero La Mari y La Encarni no son unas heroínas. Quizás La Mari y La Encarni podemos ser tu y yo, si (con menos gritos, por favor). Pero la Mari y La Encarni no saltan al cañón del Colorado, no nos dan un final épico que nos haga recordar su historia días más tarde. Pero es que cuando uno se sienta en la butaca quiere que le hagan saltar.

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