¡Cómo brillan estas monjas! (Crítica-Sister Act)

Sister Act

Impacta ver un escenario plagado de monjas. Cubiertas con sus hábitos negros de cabeza a los pies recorren los enormes pasillos de su ruinoso convento. Al principio lo hacen cabizbajas y sumidas en sus rezos, poco a poco lo harán intentando afinar las notas que la nueva monja, la hermana María Clara, les ha mandado ensayar.

El impresionante decorado de Sister Act nos traslada a los pasillos del convento de la Virgen de los Ángeles en la Navidad de 1977. Deloris Van Cartier, como la joyería, ha ido a parar allí como testigo protegido después de ver como su novio asesina a un policía infiltrado. El argumento lo conocemos, hemos visto la película cientos de veces en la tele. La comedia de los 90 se convierte en el musical en una historia aún más divertida que no te quita la sonrisa de la cara.

Sister Act

Deloris y la Madre Superiora chocan desde el primer día. Foto:Sister Act

Mireia Mambo se pone en la piel de una rejuvenecida Deloris, la hermana María Clara, que hace desesperar a la Madre Superiora, interpretada por Àngels Gonyalons que destaca junto con un entregadísimo a la causa Monseñor, al que da vida Fermí Reixach siendo de los grandes personajes de la obra. Juntos dan lugar a las escenas más divertidas, los choques entre la hermana María Clara y la Madre Superiora, las maravillosas plegarias de esta porque la nueva inquilina del convento desaparezca y el entusiasmo de Monseñor por este nuevo coro son algunos de los momentos más divertidos. Las hermanas María Patricia y María Roberta, que parecen casi sacadas de la película, son las compañeras de Deloris en esta aventura. En el otro lado, en el de los malos, los tres torpes matones de Curtis, el novio de Deloris, se marcan uno de los números destacados mientras planean como entrar al convento al ritmo de lo que pudiera parecer en cualquier momento una canción de Bee Gees. Se une a la historia Eddie, el pringao, en todos los sentidos, el entrañable policía enamorado de Deloris, al que da vida el cantante Edu Engonga.

Sister ActEsta historia, trasladada aquí a finales de los 70, llena el escenario de soul, funky y música disco. La música que corre por las venas de Deloris, la de su admirada Donna Summer, y con la que llenará los pasillos del convento. La partitura de Alan Menken es más extensa que en la película, donde se limita básicamente a los cantos del coro, pero en todas ellas hay referencias a la música negra. Catorce monjas forman este coro que se hace acompañar por ocho músicos en directo con el que hasta los monaguillos terminan bailando.

Los hábitos negros se van aligerando a medida en que el dinero va entrando en el cepillo. Poco a poco el convento se plaga de lentejuelas que llegan a su punto álgido con la llegada del Papa Pablo VI. Final feliz para todos. También para el público que termina de pie y cantando alabanzas.

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