Allen y NY (Crítica: Si la cosa funciona)

Fiesta todos media

“Si la cosa funciona” la adaptación de la película de Woody Allen se pudo ver este fin de semana en el Teatro Romea. Foto:Distribuciongiras

Después de rodar el video promocional Vicky, Cristina, Barcelona Woody Allen volvía a trabajar en su New York del alma tras cinco años sin hacerlo. Lo hacía con un guión que mantuvo guardado durante 30 años. Una historia en la que, aunque el director declarara que no, podemos verle reflejado, Si la cosa funciona

Boris “no es un tipo que cae bien”, él mismo se encarga de admitirlo. Misántropo, hipocondríaco, con ataques de ansiedad y cierto gusto por el  suicidio, vive solo en una buhardilla del Bronx tras divorciarse de su mujer. Una noche se encuentra con Melody una veinteañera del sur que ha escapado de su casa dispuesta a vivir en la gran ciudad. Sin nada que comer, y ningún sitio donde dormir, convence a Boris para que la hospede en su casa de donde no será capaz de echarla. Él, “un genio con buen corazón”, según su propia autodescripción, candidato en su día al Nobel de Física y profesor de ajedrez, intenta espabilar a Melody que es tonta, la pobre, de remate. Sus enseñanzas calan de alguna manera en ella que se convierte en una neoyorquina de adopción más o menos aceptable. Cuando todo parece que se estabiliza aparece la madre y más tarde el padre de Melody, típico matrimonio sureño, ultracatólico y conservador en los que la ciudad también hará mella.

Jose y Ana media

José Luis Gil y Ana Ruiz protagonizan “Si la cosa funciona”. Foto: Distribucióngiras

Ahora la historia de Boris y Melody se ha subido al escenario protagonizada por José Luis Gil y Ana Ruiz. Este Si la cosa funciona transcurre entre la cocina, el sofá y baño de Boris. La escenografía de Anna Tussell sirve también como pantalla de proyecciones donde disfrutar de imágenes de la ciudad o de una exposición de fotografías un tanto especial.  La iluminación de Alejandro Gallo y la música son dos protagonistas más de la función. New York, sin que se vea más allá de unas imágenes proyectadas, vuelve a ser colocada como la gran protagonista por Allen, la que hace cambiar a los protagonistas y destapar sus verdaderos yos.

José Luis Gil se mete en el difícil papel de interpretar el mismo personaje que hace Larry David en la película, 30 años tuvo Allen la película en el cajón hasta que encontró un protagonista. Gil resuelve con solvencia la ironía propia del director. Destacan los apartes del personaje, convirtiendo así los monólogos a cámara de la película, y el guiño del director Alberto Castrillo-Ferrer a Woody Allen al que trae a escena y con el que Boris mantiene una conversación sobre la vida que le ha escrito. Ana Ruiz me dejó con la duda de si podría haber hecho una tonta más natural. Se agradece el trabajo de Rocío Calvo, metiéndose en la piel de Marieta, la madre de Melody, uno de los personajes que mejor explica el sentido de la obra, “aprovecha todo el amor que puedas dar o recibir, toda la felicidad que puedas birlar o brindar, cualquier medida de gracia pasajera, si la cosa funciona, no depende de tu ingenuidad humana es suerte en tu existencia”. No es la obra del año, ni la mejor película de Woody Allen, pero nos vale para pasar un buen rato de risas y porque no, reflexionar sobre el mensaje final.

Mucho público en pie y el Teatro Romea con gran afluencia. Parece que hay más cosas que funcionan. 

 

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