El más acá (Crítica-Un espíritu burlón)

Un espíritu burlón

Ruth y Carlos han preparado una divertida velada en casa, vendrán unos amigos, los Bermúdez, y una médium. Ella es, en realidad, la razón de la cena. Carlos está escribiendo un thriller sobre una médium asesina y quiere ver a una en acción…no en lo de asesinar, sino en lo de ser médium, así que tras la cena han preparado una sesión de espiritismo. En realidad, Madame Arcati es ajena a todo esto y está convencida de que sus anfitriones desean contactar con el más allá, cuando no son más que un grupo de incrédulos dispuestos a echarse unas risas a costa de ella…bueno, menos la Sra Bermúdez, que está entusiasmada con eso de conocer a Madame Arcati más de cerca. La sesión se realiza sin aparente éxito hasta que se presenta Elvira, la primera mujer de Carlos, que murió hace siete años. El problema, más allá del de tener un fantasma en casa, es que solo Carlos la ve y la oye, lo que le hace parecer un loco ante su esposa. La historia la firma Noel Corward y es un clásico de la comedia teatral del pasado siglo que el director murciano Cesar Oliva Bernal ha adaptado para ponerla de nuevo en escena. Siete actores se suben al escenario para dar vida a las dos parejas, el espíritu y la criada, tres de ellas actrices murcianas, ya que la obra es una coproducción con el Teatro Circo Murcia donde permanecerá durante tres días.

La acción transcurre en un coqueto comedor que deja entrever un jardín a través de unos grandes ventanales. La escenografía y el atrezzo en sí juega también un importante papel ya que le servirán al fantasma de Elvira para asustar e intentar hacerse ver ante Ruth. La iluminación, tanto la exterior del jardín, que nos sitúa en la noche o el día, como la interior se transforma creando momentos de tensión con las apariciones fantasmales.

Un espíritu burlón 2

Las tres murcianas, Eva Torres, como Ruth, Lola Escribano como Violeta Bermúdez y Esperanza Candela como Adela, la criada, cumplen con nota su cometido. La primera como una inicial esposa perfecta dulce y atenta que termina desquiciada con eso de tener un fantasma en casa y encima el de la primera mujer de su marido, la segunda como la amiga curiosa que poco a poco va desvelando su entusiasmo por contactar con el más allá, y la tercera como la nerviosa criada que, con solo un correteo por el escenario, hizo sonreír al público. Ellos, elegantes al inicio de la velada, correctos en su papel de maridos ideales que están por encima de esas cosas de los espíritus, son, en realidad, dos peleles en manos de sus esposas, vivas o muertas. Carla Hidalgo correcta, sin lograr destacar en el papel más misterioso y desconcertante. Berta Ojea está espléndida con un personaje que podía haber resultado una caricatura, algo en lo que no llega a caer en ningún momento, pese a sus bailes, posesiones y conjuros.

Una comedia, como bien explicó Enrique Cornejo, su productor, en la presentación a los medios “de sonrisa perenne”, sin grandes carcajadas, de un humor fino…e incluso con trucos de magia que consiguen meterte el miedo en el cuerpo si tu imaginación te permite eliminar a Elvira del escenario y ver por los ojos de Ruth.

 

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