Baby y Johnny saltan al escenario (Crítica-Dirty Dancing)

DIRTY DANCING 2

¿Quién no ha visto alguna vez en su vida Dirty Dancing?. Yo me pasaba las mañanas de vacaciones en casa de mi abuela entre esta y Ghost. ¿Quién no ha intentado hacer el famoso salto cuando escucha The time of my life?. ¿A quién no le hubiera gustado bailar en la zona de trabajadores de Kellerman´s?. Que nos sintamos más cerca de la historia de Baby y Johnny es la intención con la que Eleanor Bergstein, guionista de la película, ha llevado el film al escenario que ahora llega al Auditorio Victor Villegas de Murcia de mano de la Semana Grande de Cajamurcia.

Lo primero que piensas cuando adaptan una película a teatro es como van a recrear ciertas escenas, por ejemplo, la de los ensayos del salto en el lago. ¿Lo hacen?. Lo hacen. La película también ofrece una variedad de lugares que Dirty Dancing nos muestra en el escenario sin bajar el telón con un sistema de plataformas giratorias en las que podemos ver el cuarto de Penny, el comedor del club o la sala de ensayos.

Dirty Dancing

Entre el reparto destacan los papeles de Penny, (Fanny Corral), Jake (Antonio Reyes) o Billy (Flavio Gismondi) quien es también uno de los encargados de interpretar las canciones. Además, Dirty Dancing nos da la oportunidad de disfrutar del talento de la tierra gracias a la actuación de Antonio M.M en el papel de Max Kellerman, el dueño del club de verano donde Baby y sus padres pasan sus vacaciones. Es precisamente este personaje el que me descolocó bastante, la Baby que yo recuerdo de la película es una Baby seria, tímida pero decidida, esta es casi un personaje cómico, excesivamente torpe que provocaba las risas del público. Unos espectadores que fueron dispuestos a disfrutar desde el minuto uno, sobretodo los numerosos grupos de mujeres, y que despidieron la función inaugural en Murcia de pie.

Esta adaptación no es un musical, que respiren los que no pueden con este género teatral, hay música en directo, que se agradece, pero no son los actores quienes de repente se ponen a cantar, una orquesta o los empleados del club son los encargados de esto. No faltan temas míticos como Hungry Eyes, Love is Strange y, por supuesto, The time of my life, pero se incluyen algunos nuevos, así como escenas que a Bergstein le hubiera gustado incluir en la película y que ayudan a contextualizar historicamente el momento.

 

 

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