Quiero ser un fantasma (Crítica-La valentía)

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Guada con unos huéspedes poco comunes. Foto:PepeH

Guada y Trini han heredado la casa familiar, donde pasaban sus veranos de pequeñas y donde disfrutaban de sus abuelos. La casa, que a mi se me antoja un caserón en medio del monte, no estaría nada mal sino fuera porque a cinco metros pasa una autopista. Trini quiere venderla, Guada quedársela. En lo único que coinciden las dos es que el ruido constante de los coches las pone de los nervios.

La valentía es la última obra escrita y dirigida por Alfredo Sanzol que se estrenó en mayo en el Teatro Pavón Kamikaze y que pudimos disfrutar en la segunda jornada del Festival de Teatro, Música y Danza de San Javier. Es una obra sobre la familia y el valor, el que hay que tener para dejar el pasado atrás, para dar el paso adelante que nos deje continuar o para reconocer que nos equivocamos.

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Inma Cuevas es Trini. Foto: PepeH

Para que Guada se vaya de la casa su hermana contrata a otros dos hermanos, los Hermanos Spectrum, que se supone que son especialistas en dar miedo con fantasmas y psicofonías. Lo que no se imaginan es que compartirán la casa con unos fantasmas de los de verdad, hermanos también. Se convierte desde entonces esta historia en una loca comedia de enredo entre vivos y muertos, fantasmas de verdad y de pega, que más que miedo dan risa, y en medio de todo esto Guada más que asustada, asustadísima, interpretada por una fantástica Estefanía de los Santos. Inma Cuevas da vida a Trini, la que aparentemente es la más normal de las dos, Jesús Barranco y Font García son los Hermanos Spectrum, los Manolo y Benito de los fantasmas, capaces de cualquier cosa por intentar asustar a alguien. Francesco Carril y Natalia Huarte completan el reparto como los dos elegantes fantasmas, Martín y Martina, los que levantaron esa casa que hoy, convertida en etéreas paredes por obra y gracia de Fernándo Sánchez Cabezudo y la iluminación de Pedro Yagüe, se abre y se cierra a su antojo ofreciendo un juego de sombras, entradas y salidas al espectador.

Cuando termina La valentía yo me voy a casa con la sensación de que conozco los rincones de la de Guada y Trini y sobretodo con muchas ganas de ser un fantasma.

 

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