Valió la pena (Crítica-Prometeo)

prometeoLleno en el Auditorio Parque Almansa para asistir a la última representación de Prometeo. Estrenada en el Festival de Teatro Clásico de Mérida esta versión de Luis García Montero del texto de Esquilo sobre el mito del titán griego que entregó el fuego a los hombres no tiene, hasta el momento, más fechas.

García Montero nos presenta en esta adaptación dirigida por José Carlos Plaza a dos Prometeos, el joven, representado por Fran Perea, y el anciano, por Lluís Homar. A través del primero asistimos al castigo impuesto por Zeus a Prometeo, permanecer encadenado a una roca para las águilas le coman el hígado por toda la eternidad a menos que le cuente su secreto. Ambos, joven y anciano, debaten sobre si fue o no un error entregar el fuego a los humanos, a los “miserables” de los humanos, por todo lo malo y lo bueo que después de aquello hemos provocado, reflejado en los cuadros que conforman ese “desván de la historia” –Los fusilamientos del 3 de Mayo, La Libertad guiando al pueblo, hasta la propia representación del mito con el Prometeo encadenado de Rubens y Snyders –  donde transcurre la acción y que forma parte de la escenografía del murciano Paco Leal, o si por el contrario gracias a eso los humanos hemos hecho cosas que han provocado que aquel sacrificio merezca la pena.

Lluís Homar y Fran Perea se baten en un duelo interpretativo en el que el segundo no sale perdiendo para nada. Ponerse frente a frente de Homar dando vida al mismo personaje no es fácil y Perea sale airoso del reto. Lluís Homar nos trae a un Prometeo maduro, de vuelta de todo, que intenta justificar ante su yo más joven lo que hicieron, socarrón y cariñoso. Perea nos muestra al Prometeo más enérgico, rabioso contra Zeus y contra los hombres que no han aprovechado bien la oportunidad que les dio. Amaia Salamanca como IO, Fernando Sansegundo como Océano, Israel Frías como Hefesto y Alberto Iglesias como Hermes completan un reparto principal al que acompaña el coro formado por Las Furias, Fuerza, Crueldad y Violencia así como por Compasión y Libertad todo ellos vestidos por Pedro Moreno que, junto y la mencionada escenografía e iluminación de Paco Leal, consiguen una puesta en escena abrumadora. Los dos Prometeos nos regalaron una maravillosa noche de teatro que el público agradeció con un rotundo y larguísimo aplauso. Una pena que la representación no cuente con más fechas y que solo unos cuantos afortunados hayamos podido disfrutar de este duelo de madurez y juventud, positivismo y negatividad de estos dos Prometeos que terminaron fundidos en un abrazo al acabar la función creyéndose totalmente ocultos por la roca del águila.

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