Quiero ser un fantasma (Crítica-La valentía)

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Guada con unos huéspedes poco comunes. Foto:PepeH

Guada y Trini han heredado la casa familiar, donde pasaban sus veranos de pequeñas y donde disfrutaban de sus abuelos. La casa, que a mi se me antoja un caserón en medio del monte, no estaría nada mal sino fuera porque a cinco metros pasa una autopista. Trini quiere venderla, Guada quedársela. En lo único que coinciden las dos es que el ruido constante de los coches las pone de los nervios. Sigue leyendo “Quiero ser un fantasma (Crítica-La valentía)”

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