Locos sueños lúcidos (Crítica-Lúcido)

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Vivir de manera lúcida nuestros sueños. Controlarlos. Ser capaces de, como dice Lucas, mirar nuestras manos en un sueño y decir “Estoy soñando”.

Eso es lo que intenta a diario Lucas, al que da vida Alberto Amarilla, en Lúcido. Lo hace siguiendo las recomendaciones de su psicólogo que le pone tareas a cuál más descabellada a ojos de su madre. Pero es que la vida de Lucas no es fácil, si él no está muy bien de la cabeza es porque su madre, Teté, encarnada por Isabel Ordaz, está peor que él. La locura de esta casa con ambiente setentero viene a desestabilizarla aún más la hija mayor, Lucrecia, Itziar Miranda, que regresa a casa después de 15 años buscando ayuda para su marido que necesita un transplante. Todo esto lo observa ojiplático Tomás del Estal, el cual encarna en la obra hasta tres personajes: el paciente camarero que les atiende en el restaurante donde celebran el cumpleaños de Lucas, el novio de su madre, Darío, e incluso el cuñado de ésta.

Lúcido es un texto del argentino Rafael Spregelburd que se mantuvo cuatro años en cartel y que aquí está dirigido y producido por Amelia Ochandiano, que ha participado en proyectos que han recibido un total de 19 Premios Max como La Gaviota o El Verdugo.

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La historia de Spregelburd habla de la relación entre padres e hijos, como estos quieren comenzar a volar, a tomar sus propias decisiones incluso con solo 10 años, “ya había hecho todo lo que tenía que hacer” se lamenta Lucas a su madre y de cómo estos se niegan a perderlos. En Lúcido asistimos a una mezcla entre sueños, los sueños lúcidos de Lucas y una realidad que es tan desastrosa como los propios sueños que se empeña en dominar.

En sus cabales, aparentemente, permanecen Darío y Lucrecia, aunque esta parece sucumbir a la locura familiar, mientras que Darío intenta contenerla y hacerles entrar en razón. Alberto Amarilla, Lucas, intenta lidiar con su propia locura y la de su madre, mientras hace por seguir los consejos de su psicólogo en una de las escenas más divertidas de la representación, dejando claro que sí, es uno de esos jóvenes actores que se sacude el cartel de “promesa”. Desestabilizada, mentirosa e incapaz de asumir el futuro de sus hijos está Isabel Ordaz, que, al menos a la que firma, hizo olvidar al personaje de “La Hierbas” en el que el gran público la ha encasillado, haciendo reír y emocionar a partes iguales.

Porque Lúcido hace reír, a carcajadas lo hacía el público del Auditorio Almansa en ocasiones, pero su final hizo, sin embargo, encoger el corazón de los asistentes. Y es que, sí, quizás a veces es más fácil intentar controlar nuestros sueños que afrontar la realidad.

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